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lunes, 24 de octubre de 2011

Mi bombón pasa de curso!


Parece que fue ayer cuando hacía balance del curso pasado de natación, y el sábado pasado me han comunicado que el mes que viene pasamos de grupo...

Llevamos dos meses reenganchadas a la piscina, después del parón estival, y me encanta esta nueva etapa. La peque está mucho más comunicativa, así que puedo preguntarle si algo le gusta o no, y me siento mucho más segura al contestarme siempre que sí, que según le menciono la piscina se le encienden los ojillos de ilusión.

Este año hay muchos bebés nuevos, lo que está genial porque el año pasado éramos cuatro gatos, y porque además nos lo hemos tomado con calma, para adaptarnos de nuevo a nuestro ritmo. Casi todos los peques son menores de un año, y la peque (que tiene 19 meses) disfruta mucho ya que mientras ellos hacen sus ejercicios a la orilla, ella está ansiosa por meterse en el agua y jugar, y aprovecha para usar todos los juguetes disponibles.

En solo dos meses, ha hecho unos avances increíbles. El año pasado al terminar el curso, ya nadaba sola a ratitos con los corchos de la cintura y los manguitos, pero este año ya nos han suprimido los manguitos, y se defiende la mar de bien. La mayor parte del tiempo me pide una mano para sentirse más segura, pero me encanta ver como resuelve las situaciones y como no parece importarle si puntualmente el agua le cubre la boca, por ejemplo. Ante estas situaciones yo misma me pondría histérica, pero ella se limita a partirse de risa, y yo agradezco tanto que no haya salido a mí en ese aspecto.

El sábado pasado, sin más, la monitora nos puso un tatami a modo de trampolín, y la peque se lanzó desde la calle (que está más arriba que el borde de la piscina) a mí en el agua, y las siguientes veces la monitora me sugirió que dejara que el agua le fuera llegando un pelín más arriba, todo de manera progresiva (la barbilla, luego la boca, etc). De momento vamos muy bien, aún no mojamos la nariz pero poco a poco, ¡no tenemos prisa!

Al término de la clase, nos dijo que nos pasaba para el siguiente grupo, así que veremos qué tal se nos da esta nueva etapa, y como siempre sin prisas, disfrutando del momento.

domingo, 26 de junio de 2011

termina el cursillo de natación

Ayer era el último día que íbamos al cursillo de piscina, y me apetece hacer un balance de cómo nos ha ido. Aquí los peques tienen que tener 6 meses cumplidos para empezar, y nosotros casualmente cumplíamos los 6 meses el día que empezaban las matrículas. Para mí era muy importante llevarla a la piscina desde pequeña, no ya para que se convierta en ninguna nadadora de campeonato, sino porque yo aprendí a nadar muy mayor y sigo teniendo respeto al mar, así que quería que ella le perdiera al miedo y fuera capaz de defenderse en el agua.
Desde el primer día de cursillo, la pitufa ha aceptado muy bien el medio acuático, y la monitora nos pronosticaba que haríamos grandes progresos muy rápido. Con el paso de los días, quiso ir haciendo ejercicios que implicaban que ella cogiera a la pitufa y la separara de mis brazos, y al ponerse a llorar como una loca empezó a decir que si estaba muy enmadrada, que a este paso no me la sacaría de encima ni para cuando hiciera la comunión, etc. Yo no entraba en su juego y me limitaba a decirle que bueno, que yo estaba encantada que me tuviera tanto apego (y es que eso de enmadrada tiene connotaciones negativas, y para mí es todo lo contrario). Poco después vino el típico comentario de: Uy, mira como muerde los juguetes, eso es que está con los dientes... y ahí también la dejé en su error, así al menos tenía una excusa inocente para que la dejaran tranquila experimentar con el agua.
Finalmente aceptó que quizá es que las dos éramos "raras" y queríamos simplemente estar a nuestro aire en el agua, y se limitó a indicarme como ayudar a mi hija a que se fuera soltando poco a poco. Sinceramente, aunque al principio tuvo algún comentario fuera de lugar, como decirme que claro, si no la llevaba a la guarde a ver cómo haríamos, que estaba muy consentida... al menos fue una persona capaz de ver que no llegaría a nada por esos derroteros y se acomodó bien en el papel de monitora que sin meterse en nuestras vidas, nos fuera ayudando a que la pitufa se fuera soltando poco a poco, a su ritmo.
Hacia la mitad del cursillo más o menos, se dio cuenta de que si respetábamos sus tiempos, la pitufa demostraba adaptarse muy bien, habida cuenta además de que fue la niña que menos faltó (sólo faltamos 2-3 sábados en todo el curso, mientras que hubo niños que veías sólo 1 vez cada 5 semanas). Ahora al final del cursillo se acabó de soltar del todo y ya va nadando a mi lado. Tendríais que verla, con sus corchos y recorriendo la piscina entera, se lo pasa pipa! Esperemos que la playa también le guste tanto como le ha gustado la piscina, y siempre respetando lo que ella decida en cada momento (me ha salido un poco friolera así que incluso con lycra y todo nos salimos muchas veces antes de la media hora de curso) seguro que todo va bien.