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sábado, 15 de diciembre de 2012

Relato de mi parto soñado (II)

Después de la visita a monitores, estaba de vuelta en casa muy relajada, sabiendo que ya no tendría que volver, ya que intuía que el parto estaba muy próximo.

Hacía ya varias noches que la cosa se estaba poniendo seria, el 8 de septiembre no dormí en toda la noche y las 5 y algo de la mañana estaba sentada en la pelota de pilates con el móvil contando contracciones y preparada para llamar a la matrona. Pero se quedó en otra intensa noche de pródomos :)

El 10 según llegué a casa de monitores empecé a tirar el tapón mucoso aunque de manera muy sutil, un par de hilillos de sangre nada más, y sin que los ginecólogos hubieran hecho tacto jeje. Sabía que esto estaba a punto de caramelo, y no me sentía cansada por los interminables pródomos, lo estaba disfrutando tanto!

El miércoles 12 me levanté como todos esos días, y vinieron mis padres a casa para que fuéramos a comer con ellos (mi marido estaba trabajando). En el coche iba hablando con mi madre y me preguntó si sabía cuándo sería, a lo que le contesté que eso no se podía saber, que estas cosas ya se sabe como son, que igual estoy tan pancha y de repente empieza como que me tiro unos días más. Pero le dije: de esta semana no paso... y déjate que tampoco creo que llegue al fin de semana jeje. Ahora lo pienso y sonrío, cuánta razón tenía! Llegamos a su casa sobre las 13:20 y como la comida ya estaba lista nos pusimos a comer. Sobre las 13:45 me dio una contracción bastante fuerte, la verdad es que ya me pareció sospechoso, sobre todo porque las gordas me solían dar de noche.
Ahora que lo pienso, creo que era mi subconsciente el que hablaba. Al principio no las tenía todas conmigo en como reaccionaría mi hija en el momento del parto, y sobre todo porque tenía miedo de no poder atenderla, ya que ella está muy apegada a mí, pero sin embargo sabía que si el parto se producía de noche sería más difícil para las dos, ya que si se despertaba estaría más necesitada de mimitos, mientras que si la cosa sucedía de día, ella estaría con fuerzas para aguantar todo y en caso necesario aguantaría de mejor grado que se ocupara de ella su papá o incluso quizá la convencieran mis padres para ir un ratito al parque.

Encajé la contracción como pude mientras seguía comiendo e intenté apurar un poco más. Me dio otra y me fijé en el reloj, habían pasado 5 minutos. De repente me dio un retortijón y me tuve que levantar al baño. Me vine al baño y otra! Uff la cosa se ponía seria, así que le mandé un mensaje a mi marido para pedirle que se viniera YA a buscarme, esto estaba en marcha y por el ritmo y la intensidad de las contracciones no sé cuánto podría aguantar en casa de mis padres, necesitaba irme a la tranquilidad de mi casa. No quería que mis padres se enteraran ya que no quería sentir presiones externas, yo estaba muy conectada conmigo misma y quería tranquilidad, y mi madre ya sabía yo que sólo conseguiría ponerme nerviosa, además de que suponía que se empeñaría en venirse y de eso nada! Mi marido me dijo que ya había terminado y que le faltaba ducharse, si se venía tal cual o si le daba tiempo a darse una duchita rápida. Le dije que sí, que se duchara y se viniera en cuanto terminara. A todo esto yo estaba de nuevo en la mesa, me debatía ya que no tenía hambre pero quería terminar de comer para poder marcharme cuanto antes y sin levantar sospechas. Con otra contracción volví a tener ganas de ir al baño. Estaba claro que no necesitaba nada más que confiar en mi cuerpo, menudo enema natural :P

A la vuelta ya me costaba horrores encajar las contracciones sentada y además que no se me notara, pero como mis padres sabían que me había levantado para ir al baño tampoco sospecharon, les dije que me dolía la barriga y menos mal, no me entraba ni un solo bocado más. En la segunda visita al baño ya le había confirmado a mi marido que me apremiaba, que avisara a la matrona y le dijera que eran muy seguidas y que ya no podía mirar discretamente el reloj, que se viniera ya y a ver si conseguíamos irnos sin levantar sospechas.

Llegó enseguida, por suerte mi hija mayor ya había terminado de comer y nos fuimos enseguida. A mis padres les pareció un poco brusco, pero se pensaban que simplemente mi marido venía cansado de trabajar.

Cuando bajamos, mi marido quería dejar su moto allí y llevarnos en mi coche, pero lo convencí para que cada uno se fuera por separado. Vivimos a unos 3 kms, la verdad es que el trayecto era corto; él no quería pero yo no quería que se quedara su moto allí a la vista para que mis padres ataran cabos. Fue el viaje más largo de mi vida jaja. Esperé a la siguiente contracción, la encajé y arranqué, y aún así me dio una por el camino y otra justo al llegar a casa. Dejé el coche atravesado delante del garaje y subí con mi hija mientras mi marido los guardaba en el garaje. Eran las 14:55.

Volví a sentir retortijones y me fui corriendo al baño. Me senté en el wc pero ya no tenía nada que echar, así que me arranqué como pude la ropa pensando en darme una ducha, necesitaba sentir el alivio del agua. Mi hija al verme también empezó a quitarse la ropa (siempre nos duchamos juntas) pero me dio otra contracción y mi instinto me dijo que lo de la ducha no era buena idea, así que me fui al salón y me puse a cuatro patas sobre la alfombra puzzle. Mi hija me miraba con cara de curiosidad, y aprovechó que estaba desnuda a cuatro patas para encaramarse a la teta, cual Rómulo con la loba XD. La aparté suavemente y le dije que su hermanita estaba lista, que había llegado el momento que tanto le había explicado.

Me sonó el teléfono, suponía que era S., mi matrona, pero me sentía totalmente incapaz de contestar. Dejé que sonara. Saliendo de casa de mis padres ya eran cada 3 minutos, y al llegar a casa se habían desencadenado a lo salvaje, aunque yo ya no era consciente de nada, estaba totalmente metida en mi planeta parto. Las contracciones se sucedían vertiginosamente y yo me abandonaba en cada una de ellas, dejándome llevar por la ola y cantándolas con la A, era un sonido gutural que me salía de lo más hondo y me ayudaba a liberarme a su fuerza.

Subió mi marido, a pesar de la intensidad de todo lo que estaba viviendo no habían transcurrido ni 5 minutos desde que yo salí del coche, y se sorprendió mucho de cómo me encontró. Estaba hablando con mi matrona, que le decía que llegaría en breve y preguntaba cómo me encontraba yo. Él me miró inquisitivamente y yo le dije que no sabía, que ya hacía rato que notaba que debían de ser cada minuto o así. Creo que la matrona no creía que fuera tan rápido y le preguntó:
- ¿En qué posición está?
A lo que le contestó:
- ¿En qué posición? Pues en pompa!

Jajajaja yo me moría de la risa y decía entre carcajadas: a cuatro patas, a cuatro patas! Me había cogido la pelota entre contracción y contracción y estaba a cuatro patas sobre la alfombra, con los brazos y la cabeza apoyados en la pelota. Qué bien se estaba! Podría estar así toda la vida!

Mi marido me dijo que me ayudaba y nos íbamos a la habitación, y le dije que imposible, que ni una grúa me movía de allí y que además estaba comodísima. Y pensar que acabábamos de cambiar de colchón y habíamos guardado el viejo estos días para este momento (así, si se manchaba, pues se tiraba y listo), tenía una vela especial guardada, sales, mi gel de ducha usado en el parto de mi primera hija... Es bien cierto que una no puede pensar en su parto, cuando me preguntaban siempre decía que no sabía, que lo sabría en el momento, y así era en realidad. Mi cuerpo hablaba y yo sólo podía escucharlo.

De repente sentí ganas de empujar. En realidad no sé si sentí ganas y empujé o si mi cuerpo empezó a empujar y me di cuenta de que estaba empujando. Como digo, estaba super conectada conmigo misma, y ahora que lo pienso empecé a empujar cuando mi marido no había llegado a casa. No sentía miedo, estaba tan relajada, hubiera sido capaz de hacerlo yo sola en ese instante. Me toqué con la mano y sentí como un globo de agua, era la bolsa amniótica asomando.

Cuando llegó mi marido, entre contracción y contracción, le pedí que me trajera mis cosas. Lo tenía todo preparado en una cajita. Me puso sabanindas debajo y unas toallas dobladas debajo de las rodillas, que me dolían en contacto con el suelo. Me puso el aire acondicionado cerquita de la cara pero no directamente, y me recogí el pelo en un moño. Curiosamente ahí fue cuando noté un cambio en los pujos, ahora notaba como cuando en cada contracción el pujo iba acompañado del descenso de mi bebé, y durante esos instantes fui capaz de respirar tranquila y ni siquiera notaba la necesidad de cantar las contracciones como hasta ese momento.

Me preguntó cómo me encontraba y le dije lo de la bolsa amniótica, le pareció muy sorprendente, dice que parecía un condón :) Flipaba con la rapidez, el pobre estaba deseando que llegara S., tenía miedo de que no llegara a tiempo. Justo en ese momento llegó, y se sorprendió muchísimo de verme así. Pero se hizo cargo de la situación en cuestión de décimas de segundo; se arrodilló a mi lado y me dijo que ya estaba coronando. Le pidió al padre que le acercara lo necesario, ya hacía unas semanas que teníamos todo su equipo en casa. Me dijo que era una campeona y que ya estaba todo muy cerca.

Le conté como se estaba desarrollando todo. Es curioso, había leído tanto sobre la necesidad del silencio, y sin embargo no me molestaban las palabras. Entre contracciones, aunque el espacio de tiempo era poco, me recuperaba fenomenal y era capaz de mantener una conversación, a ratos sólo podía decir dos palabras seguidas y en medio de las contracciones me callaba, pero no me molestaba el sonido. Simplemente, desconectaba y ni los veía ni los oía; en ese momento sólo estábamos mi bebé y yo. Mi hija mayor se estaba comportando como nunca, a ratitos se impresionaba un poco pero le explicábamos que venía su hermana y que la estábamos llamando y se calmaba.

De repente necesitaba de nuevo acompañar cada oleada con el sonido de mi voz, S. había sacado el monitor portátil para ver como se comportaba mi princesa con las contracciones, y justo en ese instante sentí mucho escozor, algo que me quemaba. Le pregunté qué me hacía y le pedí que por favor me lo quitara, que me escocía; ella me dijo que no era el monitor lo que me provocaba eso y caí en el famoso aro de fuego. Y es que mi peque pedía paso, así que en la siguiente contracción ya salió la cabeza enterita. En ese momento no me dijeron nada, pero luego me contó mi marido que lo pasó fatal porque llevaba una vuelta de cordón, aunque muy floja y en un segundo S. se la quitó. Sentí que la fuerza me flaqueaba, fue una sensación extraña porque sentía que podía con todo pero necesité expresarlo en palabras y le dije a la matrona que no podía más. Me dijo que si ya estaba casi todo hecho; en realidad no es que no pudiera, me sentía muy poderosa, sino que había identificado ese momento que cuentan muchas parturientas del desfallecimiento de fuerzas y necesitaba decir que yo había llegado a él y por tanto estaba casi en el final del proceso. Con la siguiente salió el resto del cuerpo. Eran las 15:48. La matrona la cogió y me la puso en el suelo entre mis piernas. Me gustó mucho como me describió ese momento, dice que tardé unos segundos en cogerla porque estaba mirándola embobada. Me acababa de enamorar de nuevo! La cogí entre mis brazos y la abracé contra mi pecho, dándole mi calor. Me ayudaron a cambiar de postura y ponerme en posición semisentada, con la peque en mi regazo. Nos taparon con unas toallas y una manta por encima de mi hija, pero bien pegaditas piel con piel. S. estaba con su nena de 5 meses y se había asustado en el último momento del expulsivo y se había puesto a llorar, así que ella estaba con su bebé y yo con la mía <3. Llamé a mi hija, que estaba a escasos pasos en todo momento pero se había quedado maravillada y como que no se atrevía a acercarse, y se puso bien cerquita observando a su hermanita. Estábamos muy emocionados por el momento y no hacíamos más que mirarla.

Esperamos con calma a que el cordón dejara de latir y entonces lo cortó mi marido, siempre dice que fue como cortar un calamar jeje, le sorprendió que fuera tan duro. Después volvieron las contracciones, y alumbré la placenta. S me limpió y le dije: ahora dame una buena noticia y dime que no me tienes que coser. Me examinó y bieeeeen, ni siquiera me había desgarrado! Al rato me fui para nuestra cama, con mis dos nenas, la peque se enganchó con fuerza y enseguida se apuntó la mayor al tándem ;)

Ha sido la experiencia más bonita de mi vida, para mí el parto nunca había sido un trámite necesario a soportar para obtener la recompensa de un hijo sino un fin en sí mismo, pero este parto fue el mejor parto que podía soñar. Si hay una palabra que describa como me sentí, es empoderamiento <3


lunes, 10 de diciembre de 2012

Relato de mi parto soñado (I)

Las que me conocen saben que he tenido un preparto muy largo, con amago de ponerme de parto en la víspera de las 34 semanas, y con muchísimos pródomos desde la semana 36. He llegado a tener contracciones cada 3 minutos, y sin embargo, yo sabía que eran una falsa alarma. Bueno, más que falsa alarma yo lo llamaría preparatorio, ya que en todo momento estaba super tranquila sabiendo que el momento estaba cerca y que todo lo que me pasaba era que estaba adelantando trabajo para el día clave. Una noche incluso me pasé unas cuantas horas en la pelota de pilates y con el teléfono a mano para llamar a la matrona, pero no pasó de una noche de pródomos intensos más.
Pero un buen día, llegó el día. Era miércoles 12 de septiembre, había ido a monitores el lunes 10 y no debía volver hasta el martes 18, así que yo estaba muy tranquila porque sabía perfectamente que el martes ya tendría a mi pequeña en brazos. El lunes la cosa no había ido tan mal, mi marido trabajaba pero mi matrona se había ofrecido para acompañarme, cosa que le agradecí en el alma. Mi karma no estaba para seguir luchando contracorriente y no me apetecía nada de nada ir al hospital; estaba tan convencida de que no tendría que ir a monitores que eso fue lo único que me ensombreció un poco el momento, no por ansia de parir (que tenía muchas ganas, pero estaba disfrutando tanto de los últimos días...) sino por el ambiente del hospital. Me habían pedido que llevara el consentimiento informado ese día, y ya sabéis los problemas que he tenido con mi plan de parto.
Pues bien, llego a consulta y ¡oh, sorpresa! (léase irónicamente), que mi plan de parto no estaba incluido en mi historia. No perdí la mano que puse en el fuego a que no le habían hecho ni caso, un detalle más a incluir en la reclamación que les pienso poner. Total, que me piden el consentimiento y les explico que no lo pienso firmar, que para eso he entregado mi plan de parto bla bla bla. Por suerte, la ginecóloga era de las más majas que me tocaran anteriormente y me pidió una copia y mientras yo pasaba a la consulta le echó un vistazo rápido, y rápidamente interrumpió a la enfermera que me pedía que me subiera al potro. "No le vamos a hacer tacto" fue música celestial para los oídos, y es que aunque yo sabía que efectivamente a mí no me tactaba ni el tato, el no tener que pelearlo era una maravillosa novedad.
Así, la última visita se desarrolló dentro de la normalidad, y en un ambiente relajado, tal como necesita cualquier mamá en la última etapa de su embarazo.

En la eco estaba todo perfecto, mucho líquido amniótico y placenta en buen estado. En cuanto al tamaño, les costó bastante hacer una estimación, ya que la cabeza estaba encajada y muuuuy baja. Me dijeron que no habían conseguido coger toda la cabeza y estimaban un peso de unos 2.800, lo que nos imaginamos que no era correcto ya que en la ecografía de las 32 semanas (y estábamos en la 40+1 según las cuentas del hospital) era de 2.750. Pero dijeron que estaba todo perfecto. En monitores, varias contracciones no regulares, de las cuales una bastante intensa. Era cuestión de tiempo, y me citaron para dentro de 8 días.

lunes, 13 de agosto de 2012

Olores

¿Os ha pasado alguna vez que por un olor os evoque recuerdos? A mí no me ha pasado muchas veces, pero siempre que pasa es algo mágico.

Una vez, estando en la Universidad en el piso que compartía con otras compañeras, compramos un ambientador y, al usarlo, me invadió una sensación de familiaridad extraña. ¿A qué me recordaba, dónde lo había olido anteriormente? Y en segundos tuve una visión y me vi transportada al hall del hotel donde había ido de excursión de fin de curso en 3º de BUP. Me pareció surrealista, por recordar el olor de un sitio donde había pasado apenas una semana hacía varios años atrás, y que en su momento no me llamó particularmente la atención.

Otro episodio, ya de modo más consciente. Cuando di a luz a mi primera hija, al hacer el neceser para el hospital incluí un gel de baño de Yves Rocher, de la variedad Asian Palm Oil. No es que lo hiciera a propósito, pero es que tenía el tamaño ideal para que me cupiera en el neceser. Tenía alguna muestra pero demasiado pequeña, y el que usamos en casa viene en bote grande, así que me llevé ése. Tiene un olor bastante intenso y penetrante, pero muy agradable, y al ducharme con él después de dar a luz me invadió una sensación de paz. Tanto es así, que al llegar a casa lo puse en el estante de la ducha y lo he usado en momentos especiales relacionados con mi hija (cumpleaños, etc) y también durante este embarazo como una especie de talismán cuando he ido a alguna prueba importante. Me encanta como me recuerda a mi hija puesta encima de mi vientre nada más nacer.

Y esta mañana me he llevado una grata sorpresa, una sorpresa de parte de mis mamis que miman que me ha llegado al fondo de mi corazón. El cartero llamó a mi casa y me entregó un paquete del que no tenía noticias. Al principio pensé que sería de La Pantigana Shop, pero sabía que era imposible que me llegara hoy porque hoy salía de correos, así que me quedé intrigada.

Cuando leí la etiqueta de procedencia, el corazón me dio un vuelco. ¡Era de mis chicas! Y la sorpresa fue la siguiente:

Me sacaron una gran sonrisa, porque nunca había surgido el tema de los olores pero han acertado de lleno. Además de que el jazmín me encanta. Así que desde aquí todo mi agradecimiento a Sheila, Bea, Arantxa y Sonia. Me ha encantado leer vuestras palabras de cariño, y que sepáis que el olor a jazmín blanco nos va a acompañar en breve en uno de los momentos más importantes de nuestra vida: El nacimiento de nuestra segunda hija en casa olerá a jazmín.

Os quiero chicas <3

lunes, 21 de mayo de 2012

Parto en casa

Ayer fuimos a un curso de preparación al parto, impartido por Irene Garzón de Nenos da lúa y he vuelto en una nube. Después de no encontrar ningún tipo de apoyo con ninguno de los profesionales con los que me he cruzado a lo largo de este embarazo, al fin he topado con alguien que no sólo me ha comprendido perfectamente, sino para quien la manera en que quiero que nuestra hija venga al mundo es la manera en que concibe que todo esto ocurra, su filosofía de vida.
Me ha dado muchísima tranquilidad, sin fechas de caducidad, sin protocolos obsoletos, atiende partos de nalgas que era una de mis preocupaciones últimas (mi pequeña, aunque es muy pronto ya que estoy de 24 semanas, ha estado siempre de nalgas y quería saber si mi sueño se desvanecería por ello).
Recomiendo este curso a cualquier pareja que estén esperando un hijo, tanto si van a dar a luz en casa como si van a hacerlo en un hospital, ya que aunque más enfocado hacia el parto en casa, está orientado a un parto respetado en cualquier ámbito. Os dejo un enlace por si queréis saber algo más sobre este curso aquí.
Ahora sí me siento con fuerzas para seguir luchando porque se reconozcan mis derechos como usuaria en el hospital, ya que a no ser que un traslado se vea necesario, nuestra nena llegará al mundo en el mejor entorno que podía ser: en nuestro hogar.

Aprovecho para dejaros la campaña de recogida de firmas que ha organizado Jesusa Ricoy Olariaga y con el logo diseñado para la ocasión por Sarai Llamas:

martes, 8 de mayo de 2012

Plan de parto II: Con el cuento a otra parte

Después de lo ocurrido durante mi visita a mi hospital de referencia (que podéis leer aquí) han ocurrido muchas cosas.
 Al lunes siguiente envié mi plan de parto a Atención al Usuario por correo certificado con acuse de recibo. Tenía la cita de las 20 semanas en diez días y quería asegurarme de que para entonces lo hubieran incluido en mi historial y poder hablar sobre él.
 El martes 24 me llegó el acuse y ese jueves tenía la consulta de preparto.
 El ginecólogo que me atendió fue realmente amable durante la consulta. Me preguntaba como me sentía, si estaba cómoda durante la eco... atento como pocos. Tanto que por un momento me daba hasta reparo sacar el tema, estaba un poco agotada de sentir que luchaba contra el sistema. Al terminar la ecografía nos sentamos y me estuvo explicando algunas cosas, tras lo cual iba a sacar el tema cuando entra alguien en la consulta: la ginesauria! Se puso a hablar con la enfermera y yo mientras esperaba a que se marchara (y por lo visto no tenía ninguna prisa) me esforzaba por ver su bata. Arggggg! Esta vez no se tapaba el cartelito porque no había cartelito que tapar grrr. Otra vez me quedaba sin saber su nombre.
 Cuando por fin se fue, saqué el tema. Le dije que había hecho mi plan de parto (sin precisar que ya lo había remitido) y que quería saber cuál era la política del hospital al respecto. Enseguida se imaginó de qué iba el tema. Me dijo que las mujeres que entregábamos un plan de parto era porque buscábamos que nuestro parto fuera un proceso natural, pero que de todos modos eso ya era lo que se nos ofrecía en este hospital. Que entregara o no plan de parto yo era libre de querer o no epidural y que el resto de intervenciones (episiotomía, etc) ya procuraban evitarse en la medida de lo posible. Que yo claro que podía entregar mi plan de parto pero que no podría dárseme un trato privilegiado y que, en cualquier caso, ellos estaban obligados a recepcionarlo pero lo que no harían sería darme ninguna garantía de su cumplimiento.
 Que algunas de las cosas eran debido a protocolos propios e inamovibles del hospital (me puso como ejemplo el que si era cesárea mi acompañante no podría pasar a quirófano) y que otras dependían de la carga de trabajo o de si el personal estaba o no dispuesto/preparado.
 Que por ejemplo algunas cosas eran humanamente imposibles, como el estar acompañada por la misma persona (matrona) durante todo el proceso ya que sólo tenían dos por guardia. Le pregunté por algunas cosas como la libertad de movimientos y me dijo que sí, y lo llevé más allá preguntando si también la tendría en el expulsivo. Que si podría adoptar la postura que yo quisiera, por ejemplo en cuclillas, y me contestó vagamente diciendo que había algún personal que sí sabía trabajar así pero no todos. Vamos, que era una lotería.
 Me dijo que en cuanto recibieran mi plan de parto se lo remitirían al Jefe de Servicio y él me citaría para hablar sobre él.
 Bueno pues hoy he recibido una carta del hospital. Entre toda la palabrería estándar que acompaña a cualquier escrito al Servicio de Atención al Usuario se encuentra la respuesta de Ginecología a mi petición, la cual cito textualmente:
 "El éste hospital no tiene sistematizada la asistencia al parto para poder satisfacer todas las demandas que Ud reclama por lo que pensamos, debería de acudir al Hospital que tenga desarrollada el tipo de asistencia que usted desea (en la Comunidad Autónoma de Galicia el Hospital del Salnés)"
Tengo que decir que no he pedido nada para lo que sean necesarias unas infraestructuras especiales, ya que conozco las instalaciones y sé que por ejemplo no tienen piscina de partos, así que desconozco de qué carecen para poder rechazar la atención solicitada.
En breve, más.

sábado, 14 de abril de 2012

Plan de parto I: Denegación

Ayer, por consejo de la matrona que me lleva el embarazo, fui a visitar las instalaciones de maternidad. El objetivo era poder hacer una primera toma de contacto y tantear como estaba el terreno para presentar el plan de parto que había redactado.

Me había informado convenientemente sobre el tema y conocía cuales eran mis derechos, así que mi idea era preguntar si tenían algún protocolo de partos naturales o de baja intervención, entregarles mi plan de parto y poder ver qué puntos eran compatibles con su política a priori y en qué puntos me ponían problemas.

No recordaba exactamente a qué planta tenía que dirigirme, porque en mi hospital de referencia tienen dos plantas destinadas a maternidad. En una de ellas están los paritorios y salas de dilatación, y en el otro están las habitaciones donde se alojan las mamás con sus bebés recién nacidos. Fui a una de ellas y me dirigí al control de enfermería. Allí hablé con la enfermera que estaba en el control y le expliqué que estaba redactando mi plan de parto y quería hablar con alguna matrona que me explicara un poco el procedimiento. Me atendió fenomenal, me dijo que las matronas estaban en la otra planta, que me acercara a hablar con ellas aunque dependiendo de la carga de trabajo que tuvieran en ese momento no me podían garantizar que estuvieran libres para atenderme. Me dijo que lo más recomendable era pasarme entre semana y por la mañana, que está el jefe de matronas, y que como su trabajo es administrativo, él sí tendría el tiempo suficiente para enseñarme las instalaciones y comentar todas mis dudas.

Eso pintaba fenomenal, era exactamente lo que yo quería, así que bajé a la planta que me había señalado. Al llegar allí, no había nadie en control, así que pensé que había tenido mala suerte y debían de estar todas liadas con partos. Al poco se acercó una mujer bastante joven, con una bata blanca, y pensé que no sería una matrona pero que debía preguntarle a ella ya que era la única que andaba por allí. Me acerqué a ella y le pregunté si era matrona, y me dijo que no, que ella era ginecóloga. Me preguntó qué quería y le dije que mi matrona me había aconsejado que me acercara a hablar con alguna de las matronas de la planta de maternidad. Enseguida me dijo que esperara un segundo, y llamó a una matrona. La matrona se acercó a mí y comencé a explicarle pero en cuanto abrí la boca la ginecóloga se acercó de nuevo y me interrumpió. Me dijo que en realidad yo no pintaba nada allí, que no sabía por qué la matrona me había dicho que me podía acercar al hospital y que de todos modos no aceptaban planes de parto.

Me quedé un poco pegada, la matrona enseguida se hizo a un lado y no se atrevió a abrir la boca en todo el rato. Como no quería entrar en discusiones de entrada, les pregunté si tenían algún protocolo de parto natural o de baja intervención y me dijo que no. Entonces ya le dije que el rechazar mi plan de parto no era una posibilidad, ya que era un derecho que recogía y amparaba la Ley. La ginecóloga me dijo que el protocolo del hospital no contemplaba esa posibilidad, y que si me empeñaba en entregar un plan de parto tendría que hacerlo por otros cauces, reclamarlo de forma administrativa o de otra manera, pero que ellos no lo aceptarían.

Le pregunté qué ocurriría si me negaba a firmar el consentimiento informado que ellos entregan (podéis leerlo aquí en un estupendo artículo de Fernanda Guillén, abogada de El Parto Es Nuestro), y me dijo que si entraba por urgencias de parto no se podrían negar a atenderme, pero que de todos modos ellos actuarían según mis circunstancias, el transcurso del parto y que ciertas prácticas se harían dependiendo de la situación y (horror!) del personal que me atendiera y/o del número de partos que tuvieran en ese momento (es decir, claramente instrumentalizar mi parto en función de la prisa que tengan por quitarme del medio).

Me dijo que lo mejor que podía hacer era irme a parir a otro sitio, al Hospital del Salnés que sí es conocido por sus partos naturales o en casa, pero que quizás este no era el sitio adecuado para mí (como no tengo nada que ocultar, diré que mi hospital de referencia es el Arquitecto Marcide). Le dije que yo estoy pagando mis cotizaciones a la Seguridad Social y que éste es mi hospital de referencia, por lo que no me pueden pedir que me vaya a otro sitio si molesto (y es cierto que me planteo esas otras opciones, pero eso a ellos no les importa, tengo derecho a parir en mi hospital de referencia y que se garanticen mis derechos, y ella no es nadie para arrebatármelos). Me dijo que entonces sólo me quedaba confiar, y arriesgarme a lo que el día del parto pueda ocurrir; y le dije que ya había confiado la primera vez, pero que ahora no voy a simplemente confiar en uno de los días más importantes de mi vida, no, esta vez quiero dejarlo todo atado y bien atado, y saber que se me respetará. Volvió a decirme que entonces que me buscara otro sitio.

También me dijo que ése no era el sitio para hablar de esto, que debía de tratar el tema en la consulta de prenatal, y con el ginecólogo que me atendiera ese día. Yo le dije que entendía que una guardia no era el sitio adecuado porque estarían ocupadas, pero que con respecto a hablar con uno u otro ginecólogo no veía mayor diferencia, puesto que en cada consulta me atiende uno diferente y que de todos modos seguro que no coincidiría con el que atendiera mi parto. Me dijo que era cierto, pero que la política de ambos era común, y que el que me atendiera en consulta le diría lo mismo que ella, y con tonito de retintín amenazador, que incluso era ella misma (con media sonrisa). Yo les dije que si yo llevaba el plan de parto a consulta y me lo rechazaban, entonces deberían de firmarme por escrito que ese hospital no aceptaba planes de parto y me dijo que por supuesto me firmaría el papel que hiciera falta (ahí mi marido dijo que le cambió la cara y se puso nerviosa, pero que intentó guardar la compostura y aparentar tranquilidad y sangre fría).

En fin, que así están las cosas, para que veáis qué poco le importamos a los médicos (ojo, no a todos, pero precisamente el área ginecológico-obstétrica está especialmente poco sensibilizada al respecto, y no nos olvidemos que un parto no es una intervención o una operación, sino un proceso fisiológico).
Yo voy a seguir luchando porque se reconozcan nuestros derechos, y no sólo por mí (quizá no dé a luz en ese hospital) sino por todas las que vengan detrás, que se merecen una situación mejor y me veo en la obligación de abrir camino por todas las mujeres que parirán, por mi hija y por todas las hijas. Eso y que no es cuestión de edades sino de mentalidad, que uno siempre asocia la figura del ginesaurio a alguien mayor y carca, pero ya véis que existen ginesaurias de menos de 40 años, es una pena que sobretodo siendo mujer no sea más comprensiva con esta etapa tan especial de nuestra sexualidad.

Os agradezco todo tipo de consejos sobre cómo afrontar la situación, ya sabéis lo vulnerable que se siente una mujer en su embarazo y qué luchar y tener que defenderse con uñas y dientes no es lo que mejor nos viene a nivel emocional.

Si habéis llegado hasta el final de mi relato, os doy las gracias simplemente por lo que representáis como tribu para mí <3

lunes, 20 de febrero de 2012

Dulce espera



Imagen tomada de http://ginecologiayobstetricia-samuel.blogspot.com/


No sé por qué he tardado tanto en dedicarle la entrada que se merecía.

Se ha mezclado que últimamente nunca tengo tiempo para encender el portátil (y que desde el móvil no soy capaz de publicar nada) y que he pasado un pequeño susto.

Pero ya me apetece gritarlo a los cuatro vientos, porque estamos feliiiiiiiiiiiices: ¡Nuestro bombón va a ser hermana mayor!

El día de Reyes se lo preparé y envolví a mi marido, no sabía si iba a salir bien porque la regla me había vuelto el mes anterior después de más de dos años y medio de parón, pero mi intuición me decía que sí, que habíamos hecho pleno. Así que se lo envolví en un paquetito de regalo y se lo dejé debajo del árbol.

Después, con mi hija de cómplice, le hicimos que lo descubriera. Creo que nunca me tardó tanto que alguien desenvolviera un regalo, y además se quedó incrédulo sin saber si estaba interpretando correctamente el resultado (creo que tanta película americana en que hay que descifrar colores de rayas ha hecho estragos ;))

Este sábado haré ya las 12 semanas, y a pesar de que mi hija está a punto de cumplir los dos años su instinto aún se lo ha dicho a ella antes que a mí. Se empezó a comportar desde unos días antes del positivo de un modo en que hacía tiempo que no lo hacía, durmiéndose al pecho como si fuera una recién, incluso a plena luz del día. Ya ha ido a dos ecografías con nosotros (tuvimos que repetir la primera porque no se veía el embrión, pero por suerte todo va perfecto y su corazón late con fuerza), y no deja de acariciarme la tripa mientras dice nene (o nena, dependiendo del día), le da besitos y luego me tapa muy despacito para que vaya bien abrigadita.

Me sorprende lo rápido que está actuando la naturaleza en este segundo embarazo, el viernes lo sentimos por primera vez. Y digo lo sentimos porque mi marido también pudo notarlo, y es increíble porque de mi primer embarazo el papi no lo notó hasta mucho después, ya que cada vez que alguien que no fuera yo apoyaba su mano paraba automáticamente. Y la barriga también está empezando a asomar, cosa que con mi bombón hasta los 4 meses no empezó a dibujarse la curvita.

Lo estoy viviendo con mucha ilusión y planteándome muchas posibilidades, barajando las opciones disponibles, y sobre todo sintiendo cada momento de este embarazo de un modo nuevo, compartiéndolo no sólo con el papi sino con su hermana.

Así que a partir de ahora ya os iré contando cositas :)

jueves, 15 de diciembre de 2011

Resultados de la primera encuesta sobre formación, información y apoyo en lactancia materna

Hace unos tres meses, el blog de Lactando amando. Crianza feliz organizó la primera gran Encuesta sobre Formación, Información y Apoyo en Lactancia Materna. En su momento puse mi granito de arena contestando a la encuesta y enlázandola en el blogroll, y hoy estoy feliz de poder agradecer el enorme trabajo que han hecho organizándola y poniendo orden a todos los resultados. Me parece que han preparado un material divulgativo de un enorme valor, y aquí lo tenéis.

Resultados de la Encuesta sobre Lactancia Materna

Hay algunas cosas que me llaman poderosamente la atención.

1) Un 44% de las encuestadas no fue informada sobre la posibilidad de elaborar un plan de parto (En mi caso concreto nunca se mencionó esa posibilidad, y además banalizaban el tema de la episiotomía de tal forma que una se creía que eso era algo que tenía que ocurrir y no había posibilidad de elección)

2) Al 50% no se le dio opción de continuar en algún curso de apoyo después del parto (Yo tengo dos grupos muy cerca, y sin embargo en ningún momento se nos habló de ellos, cosa que veo imprescindible para resolver los posibles problemas que vayan surgiendo, que suelen ser la causa más común de abandono precoz de la lactancia).

3) Me sorprende que el contacto precoz piel con piel se produzca solamente en un 60% de los casos, cuando sus beneficios tanto para la madre como para el bebé son innumerables. Tenemos mucho trabajo delante para poder convertir ese porcentaje en una unanimidad.

4) Y solamente un 60% dio lactancia materna exclusiva en el hospital, con un lamentable 13% en el que el modo de ofrecerles algún tipo de suplemento fue sin el consentimiento de la madre.

5) 1 de cada 3 madres no fue consultada sobre el tipo de alimentación que deseaba darle a su bebé (materna o artificial), concidiendo ese porcentaje con las madres que no recibieron ningún tipo de apoyo en estos primeros momentos.

6) Cerca de un 50% de madres afirman no haberse sentido a gusto al darle el pecho a su bebé en público, con reacciones que van desde miradas reprobadoras hasta a ser echadas de algún lugar. Me parece escandaloso que la lactancia materna se puede seguir viendo por ojos de terceros como algo sucio, no he tenido nunca esa sensación (sí curiosidad, a veces, aunque tengo que reconocer que hace mucho tiempo que no me fijo en el modo que me miran ya que cuando le doy el pecho sólo estoy pendiente de mi hija, lo tengo ya tan interiorizado que simplemente me aislo del resto del mundo)

7) A pesar de que la OMS recomienda la lactancia materna exclusiva hasta por lo menos los 6 meses, las indicaciones de los pediatras en ese sentido sólo van en este sentido en un 50% de los casos. Llama la atención además que un 40% de pediatras indica dar el pecho después de la toma de AC o incluso destetar, en contra de la OMS que indica que el pecho se da antes de la toma de AC.

8) Al reincorporarse al trabajo después de la baja maternal, sólo un 10% ha recurrido a la lactancia artificial o mixta, en contra de la creencia de muchas madres que creen que no serán capaces de compatibilizar lactancia y trabajo.

En fin, un material muy interesante y de donde se pueden extraer pautas a mejorar y en las que trabajar para que la lactancia materna se normalice cada vez más y se facilite un acceso a ella a toda mamá que lo desee.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Esta rosa lleva mi nombre

Hoy miércoles 28 es el día señalado para que las mujeres que hemos sufrido algún tipo de violencia obstétrica nos hagamos oír. Así que esta rosa va por mí y por todas las que, por desgracia, hemos padecido algún tipo de comportamiento, maniobra o "protocolo" que no era el adecuado.

En mi caso:

- por el comentario de aquella enfermera que a las 08:00 auguró que yo no pariría hasta por la noche, y que me hizo desmoronarme y pedir la epidural (gracias por tu información, me dijiste que no sería capaz de aguantar el dolor y si bien en ese momento era cierto, sí lo hubiera aguantado si me hubierais hecho un tacto antes de ponérmela, ¡estaba en completa y mi hija nació justo después de ponérmela!)
- por el kristeller no consentido, al que me opuse como pude teniendo en cuenta las circunstancias, y por hacer oídos sordos a mis gritos de que pararan con la maniobra
- por hacer uso de la ventosa cuando llevaba sólo 25 minutos de expulsivo, otra vez sin pedir consentimiento y sin ningún tipo de motivo médico que lo aconsejara
- por esa episiotomía, de la que no me enteré hasta que os vi coger la cuchilla y depilarme, y por vuestra negativa a decirme cuántos puntos me habíais puesto; esa episiotomía, que a día de hoy sigo maldiciendo
- por unas aguas presuntamente sucias que luego resultaron ser limpias, pero que me hicieron comerme el kit completo de oxitocina

A pesar de todo, gracias, gracias porque gracias a la experiencia, sé perfectamente cómo quiero parir en lo sucesivo, o mejor dicho, sé cómo no quiero parir.

Por un embarazo y un parto respetados.

Enlaces:
Grupo de Facebook
Asociación El Parto Es Nuestro
Recomendaciones de la SEGO sobre la asistencia al parto normal (más les valiera dejarse de viñetas y atender a sus propias publicaciones)

viernes, 23 de septiembre de 2011

El enfoque de la TV en el programa Un bebé por minuto


Ya van varias veces que veía en la parrilla de la televisión un programa con un nombre apetecible, Un bebé por minuto, pero siempre lo echaban a las 23:00 de la noche y a mí se me hacía imposible verlo, así que el otro día aproveché que lo repetían en Nova y lo vimos mientras cenábamos. Se me hizo totalmente bochornoso, y no podía dejar de dedicarle una entrada para desahogarme.
Luego, investigando en la página web de Antena 3 veo que el que he visto yo en concreto era el primer capítulo de una nueva temporada, situada en el hospital metodista de Riverside en Columbus Ohio de USA.
Os dejo el enlace del vídeo, ya que no puedo colgarlo directamente. Aunque es de tan mal gusto que no os recomiendo su visionado, que conste.

Empieza presentándonos a tres mujeres a punto de dar a luz.

1) Una de ellas es una madre universitaria de veintitantos años, aterrorizada ante la idea que su parto (de su segundo hijo) termine en cesárea, ya que espera a un bebé de más de 4,500 kgs. Su primer parto fue muy duro, y su primer hijo nació con una fractura en la clavícula.
2) La segunda es una mujer de más de 40 años y también se trata de su segundo hijo, con una diferencia de muy poco tiempo con su primer hijo, conseguido después de muchísimos años de búsqueda.
3) Y el tercero es una pareja a la que tildan de "alternativos", que vienen acompañados de su doula y buscan un parto natural. Éste es el motivo de que finalmente consiguieran que me enganchara al capítulo, aunque como veréis después lo dejé a medias porque se me removía todo.

El modo en que tratan a las embarazadas me pareció aberrante y muy humillante. A la primera de ellas, que padece obesidad, le dicen que claro, que como no va a tener hijos grandes si tanto ella como él son obesos. Y se ríen de su miedo a la cesárea, comentándole que total, terminará con una raja en la barriga. Todos los comentarios son jocosos, habida cuenta de que además ella no quiere epidural porque en su anterior parto dice que fue la anestesia la que lo complicó todo, ya que hasta ese punto todo iba de maravilla (Dios sabe que la entiendo plenamente, vaya si la entiendo).

A la segunda, aunque todo parece ir fenomenal, enseguida empiezan a intervenirle el parto por todas partes. Lo primero es acelerar ese parto, porque total, para qué vamos a esperar si podemos hacer que suceda ya? Así que venga, a meterle oxitocina y a romperle la bolsa de aguas así porque sí... Ella al principio no quiere epidural, pero ¡oh! sorpresa, no paran de presionarle para la epidural y cuando por fin consiguen que la acepte... le dicen que se espere un poco más, que termine de dilatar y enseguida vendrá el anestesista. ¿Cómo? ¡le ponen la epidural para cuando está casi en completa! fijaros que utilizan la expresión aro de fuego para describir su situación cuando le van a poner la epidural y os daréis cuenta de la locura!! Vamos, dos empujones, el niño fuera y para eso se podían haber ahorrado la epidural, pero claro, así se aseguran cobrarla bien cara.

En el tercer caso, desde el principio los tratan como a unos chiflados. Además, cometen el enorme pecado de ser primerizos y se han pasado todo el embarazo aprendiendo, documentándose y preparándose para tener un parto sin intervencionismo. ¡Y el padre, que está de acuerdo con la idea de su mujer, imaginaros como lo ponen! Total, que una vez de que tenemos completamente claro que están en contra de este concepto, imaginaros que no iban a escoger un parto fácil, sino que pasan horas y horas (y ellos lo retratan mirando continuamente el reloj, hablando de parto estacionado, miraditas y risas de todo el personal...) La pareja, chapeau por ella, la doula también intenta que no se desvincule de su planeta parto, y yo intento permanecer en la pantalla deseando que finalmente les dé en las narices a todos y tenga su parto vaginal natural, pero no puedo decíroslo porque mi hija reclamó que nos fuéramos ya a cama y eso es sagrado. Eso y que me hervía la sangre, tuve que apagar la televisión.

¿Lo peor? Con todo, las enfermeras, no soportaba estar todo el santo programa viendo como se reían en la recepción, cómodamente sentadas, mientras oían jadeos de dilatación; y como ponían los ojos en blanco cuando les tocaba levantar el culo de la silla. Completamente deplorable, y los comentarios en off en la misma línea, del tipo "lo que Tasha no sabe es que su temor se cumplirá y acabará en cesárea" o "pasan las horas y el parto de la pareja naturalista no avanza, y eso que ella se niega a tomarse nada para calmar el dolor".

En resumen? Vomitivo.

Edito para pedir disculpas porque el enlace que he puesto no es del capítulo sino solamente un anuncio; el vídeo aún no ha sido colgado por Antena 3

jueves, 8 de septiembre de 2011

Carta a mis matronas


Desde que he hecho el cursillo de preparto con mis matronas ha pasado ya algo más de un año y medio, pero he pensado en escribirles una carta para agradecerles su labor. Han hecho germinar en mí muchas cosas que luego con el paso del tiempo han dado sus frutos, así que ésta es la carta que les voy a enviar:

"Al equipo de matronas del centro de salud ......................

Tenía pendiente escribiros esta carta hace mucho tiempo, pero entre unas cosas y otras lo iba postergando. Sin embargo, no quiero dejar de agradeceros vuestra labor.
Mi hija ya tiene 18 meses y hace casi 20 meses que hice con vosotras el cursillo preparto. Volviendo la vista atrás, los temas que más me ha gustado abordar en los cursillos han sido el de la lactancia materna y el del parto. Vuestras sabias palabras han calado hondo en mí y las recuerdo muchas veces con una sonrisa.

Recuerdo que abordando el tema de la lactancia, nos contasteis la anécdota de una madre que estaba pasando por una mastitis, y cómo le prescribieron el libro de Carlos González, "Un regalo para toda la vida". Allá que me fui yo esa misma tarde a comprar el libro, y cuál fue mi sorpresa cuando comencé a leerlo. Más allá de los conocimientos "técnicos" que transmite y la sencillez con que lo explica todo, lo que más me gustó fue que es capaz de crear una gran confianza en una misma de que la lactancia es algo fácil y placentero.

Vosotras hacéis una gran labor en ese sentido, el hecho de hacernos pensar que lo natural es que la lactancia sea algo placentero tanto para el bebé como la madre, y que si no lo es, hay que buscar el por qué. Puede que no haya una buena posición, o que el bebé tenga frenillo, pero cualquier problema se puede solucionar con la ayuda adecuada y sobre todo, que la solución no es destetar, ni siquiera con una mastitis.

A día de hoy creo que estamos volviendo a recuperar la lactancia, pero ha habido mucha desinformación al respecto, y por desgracia muchas veces proveniente de pediatras, algunos de los cuales al menor problema te "recetan" leche artificial sin tener en cuenta las circunstancias (en mi caso particular, sin ningún otro problema, me explicaron que a partir de los 3 meses tenía que sustituir tomas de pecho por biberones, a lo que me negué, pero sigo pensando en que muchas madres no se negarán). Por eso estoy tan contenta con toda la información que nos habéis dado al respecto, como el hablar de la lactancia materna exclusiva. Recuerdo particularmente el modo en que explicasteis el tema de la lactancia a demanda: "toda la que quiera (de un pecho o de los dos), siempre que quiera (incluso si hace 5 minutos que ha mamado)", y que la demanda no es llorar, que lloran cuando ya tienen mucha hambre, que observemos si mueven los labios, si gira la cabeza...

Recuerdo como nos insistíais en cogerlos mucho, darles muchos mimos y besarlos, sin importarnos que se puedan "malcriar" (desde cuándo se malcrían por amarlos, se malcriarán por ignorarlos) y también sobre los dolores del parto y como sobrellevarlos. En este sentido me gustaría recalcar la importancia de ver otras alternativas a la epidural como método contra el dolor, nos enseñasteis la importancia de una buena respiración (que por cierto, luego en el parto dan por hecho que sabes hacerlo y no te apoyan en como hacerlas bien, deberían de dar más importancia a las mismas). Ojalá se destacara más el redactar un plan de parto, y no un consentimiento informado en bloque, ya que a mí por ejemplo habiéndoles denegado una maniobra de Kristeller, aún así me vi obligada a apartarlos de mí con mis manos, estando como estaba en inferioridad de fuerza. Me gustaría que se diera más importancia a la mujer que da a luz, siendo ella la protagonista de su parto y no mera observadora, que se le deje deambular y adoptar la postura que prefiera durante el parto... son métodos mucho más naturales de aliviar el dolor, ese y otros como los que vosotras nos proponíais: la pelota para dilatar, los masajes en los riñones... Otra cosa que no me gustó nada es que no te dejan ni beber ni comer algo ligero, sobre todo los líquidos es algo que eché mucho de menos, y pensar que ahora que ha pasado es cuando empiezo a aprender muchas cosas que hubiera sido importante saber antes.

Os agradezco toda vuestra atención, amabilidad y comprensión, tanto en los cursos como mes a mes en vuestras visitas, y seguro que nos volveremos a ver dentro de un tiempo.

Os saluda atentamente,
.........."

Este es un primer borrador de la carta, y la idea viene del epílogo del libro de Carlos González "Un regalo para toda la vida", titulado El poder de la pluma. Cómo cambiar el mundo.


* Foto extraída de Blog bebés